martes, 22 de noviembre de 2016

Tristeza

La tinta reseca de mi conciencia dibuja un esbozo sobre la realidad de las circunstancias que siento, en hojas huérfanas de lectores. Renglones troceados por palabras ininteligibles, que marcan surcos de espacios vacíos en folios virginales.
El abismo obscuro de la inefabilidad, domina el salvoconducto que otrora las letras me otorgaban. Las musas han muerto sufriendo mis achaques de tiempos infernales.
Ya no puedo vislumbrar los mañanas vestidos de sueños con esperanzas, que portaban en manos brillantes las metas de mi destino. En la lontananza neblinosa sólo se cuela la certeza de un rayo mántico que me ciega de locura.
No hubo ninguna heroína que traspasase los barrotes de pirita oxidada, de la gran jaula dorada que me aprisiona. Encerrado con la llave de la realidad, una realidad hostil hacia los valores que apreciaba. Mi alma, agotada por correr en círculos sin porvenir, es inducida a la destrucción; apenada, anhelando una huida hacia cualquier lugar menos éste.
Tal vez la nada sea la perfección de un mundo sin tristezas. Sin depresiones con fauces de insomnio, depresiones con garras que aniquilan los atisbos de promesas felices.
El futuro parece un gemelo del hoy, que no querré criar.

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