jueves, 24 de noviembre de 2016

La perturbación del sueño de las alondras

 En aquella mañana luminosa, las alondras sobrevolaban el cielo, cantando a las columnas de humo negro que aún salían de los cascotes, indiferentes a lo acontecido, indiferentes al fulgor que las despertó en la noche, trastocando sus sueños sobre nidos acolchados y lombrices de tierra. Durante un instante, sus ojos cansados vieron la estrella gigante que dejó silencio en su apagarse y volvieron a su descansar, cuando el manto de la noche cubrió sus árboles de nuevo.
Los lobos, avalentonados ante la ausencia de algarabía, se acercaron a las fronteras valladas y miccionaron sobre los alambres, haciendo suyas las delimitaciones imaginarias levantadas por los hombres.
En las cuencas calcáreas de ojos vacíos, gardenias fragantes nacían, levantando hermosas y con orgullo sus colores hacia el cielo, creciendo en nuestra muerte.Y la naturaleza, para olvidarnos del todo, puso un tupido manto de vegetación sobre las casas, sobre las máquinas apagadas y las fábricas mudas.
Y ya nunca nada fue, ni las guerras y las creencias, ni los libros escritos y las canciones compuestas. El tiempo transcurrió sin recordarnos en su cháchara monótona de estrellas y galaxias que danzan en infinitas trazadas elípticas.

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